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(Demetrio Jorge Otero Logares)
Actor. Nació en Buenos Aires, Argentina, el 22 de Octubre de 1922, de padres españoles oriundos del Principado de Asturias.
Su madre, Josefa Logares Alejos, nació el 8 de enero de 1894 en Vega de Ribadeo, provincia de Oviedo. La mayor de los 8 hijos de Don Lino Logares Neira (nacido el 23 de septiembre de 1858 en Santa María de Fons, Asturias) y Juana Alejos Fernández (nacida el 7 de noviembre de 1864 en San Julián de Ouria, en Taramundi). Su padre era Manuel Otero y Méndez (hijo de Ramón Otero y María Méndez, naturales de Tremeado y Bres respectivamente). Manuel y Josefa se casaron en la Iglesia de Vega de Ribadeo el 21 de septiembre de 1911 y embarcaron hacia Buenos Aires, Argentina, el 21 de octubre de 1911. Durante la guerra civil española, Manuel Otero se alistó en el bando de los defensores de la República Española.
El único antecedente actoral en la familia de Carlos Estrada está representado por su tío materno, Vicente Logares (foto), natural de Vegadeo (Asturias, España), quien emigró a los Estados Unidos y vivió bastante tiempo en Hollywood, trabajando como extra de cine y doble de Rodolfo Valentino. Vicente falleció a los 29 años.
Estrada hizo sus estudios primarios en el Colegio Tambor de Tacuarí, de Buenos Aires. A los diez años ingresó como alumno en el Teatro Infantil Labardén, donde permaneció dos años, aprendiendo el arte de la interpretación e interviniendo en numerosas representaciones. A los trece años apareció por primera vez en la pantalla, con un pequeño papel (el de la niñez del protagonista) en el film de Luis Saslavsky La casa del recuerdo. Ese mismo año, obtuvo un pequeño papel en Fragata Sarmiento (película dirigida por Carlos Borosque), personificando a un muchacho que ingresaba en el Liceo Naval (academia naval y colegio secundario argentino al que muchos años más tarde, en 1982, enviaría a estudiar a su hijo Carlos Gastón). Mientras tanto, Estrada había ingresado en el Colegio Nacional Mariano Moreno para hacer el bachillerato, donde ya apuntaba su interés por el arte y las humanidades, destacándose brillantemente en literatura e historia; ya en esa época, uno de sus profesores, el reconocido poeta argentino Baldomero Fernández Moreno, le predijo que llegaría a despuntar en algún quehacer artístico. En esos tempranos años intervino como figurante en varias películas, pero comprendió que era una puerta demasiado estrecha para conseguir hacer algo importante en el cine. Por ende, abandonó temporalmente su trabajo como intérprete (complaciendo así a sus padres, a quienes no les parecía bien esa clase de oficio) y se consagró a sus estudios.
Al concluir el bachillerato, embarcó en el vapor "Argentina" como ayudante de comisario de abordo e hizo tres viajes a Europa, tocando en puertos portugueses, franceses, ingleses, italianos y alemanes. A su regreso a Buenos Aires luego del tercer y último embarco, ingresó en el servicio militar obligatorio. El azar del destino quiso que a pocos días de su ingreso en el servicio, el General Perón se detuviese al pasar revista a su batallón durante un desfile militar y lo eligiera para desempeñar un puesto en la Presidencia de la Nación Argentina, donde permaneció un año. De ahí pasó al Senado de la Nación, donde trabajó con Ricardo Guardo, quien luego sería Ministro de Defensa. Después de la caída de Perón, se negó - por razones éticas - a firmar una solicitada contra Guardo, lo cual provocó su salida inmediata del staff del Senado. A los pocos días de su cese, recibió un llamado del hermano de Guardo, decano de la Facultad de Odontología de Buenos Aires, quien le ofreció el trabajo de Tesorero de dicha universidad. Un trabajo perfecto para Estrada, ya que sólo se le exigía acudir a la facultad un par de horas por la tarde, lo que le permitía seguir actuando. Incluso empezó a estudiar odontología, pero interumpió dichos estudios al darse cuenta de que lo que verdaderamente le apasionaba era la interpretación.
A pesar de haberse alejado temporalmente de la actividad profesional desde los 15 años, siguió trabajando asiduamente en teatros de cámara y de aficionados. Perteneció al Seminario de Arte Dramático (dependiente del Teatro Nacional Cervantes de Buenos Aires) y después a la Escuela Superior de Enseñanza Artística, donde modeló su temperamento y completó su formación teatral. Obtuvo grandes éxitos en las representaciones de la Agrupación "La Máscara" y en el Teatro Universitario de Arquitectura; entre sus creaciones más notables figuraron las que hizo de "Bodas de Sangre", de García Lorca; "La peste", de Albert Camus; y "Fuenteovejuna", de Lope de Vega. También participó en representaciones en hospitales y centros benéficos.
En 1950, Estrada tomó la decisión definitiva de dedicarse exclusivamente a la interpretación. A partir de entonces dejó a un lado todo lo demás y partió en un viaje que lo llevaría a gozar de un prestigio y consideración profesionales en su carrera que muy pocos actores latinoamericanos han podido igualar.
Continuó sus estudios actorales en el Instituto Latinoamericano de Teatro y en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER), de donde egresó con el Premio Nacional de Interpretación, hecho que le posibilitó formar parte del elenco de "Las dos carátulas", programa de Radio Nacional en el cual permaneció por espacio de cinco años. Actuó en numerosos radioteatros como titular en dicha radio del estado y en las emisoras argentinas El Mundo, Splendid y Belgrano.
Sus actuaciones en el cuadro artístico de Radio Nacional le dieron mucha popularidad en toda la República Argentina. Además ,el prestigio que adquirió en escena interpretando clásicos tanto del teatro español como norteamericano motivó que el cine argentino se interesase por él, ofreciéndole papeles importantes desde mediados de los años 50. Todo comenzó cierto día en que la esposa del productor cinematográfico David Cabouli le vio interpretar en el escenario la aplaudida comedia argentina Pompas de jabón, de Robert Cayol, y los elogios que de él hizo a su marido le valieron la visita de un representante de la empresa Guarranteed Pictures de Argentina, para rogarle que se sometiese a una prueba de fotogenia. En vista del satisfactorio resultado obtenido, firmó inmediatamente un contrato para hacer tres películas como galán: la primera de ellas fue Su seguro servidor, de Edgardo Togni, en 1954.
A los dos años de su incursión en el cine como actor de reparto, obtuvo su primer papel como figura estelar, en la cinta del veterano Mario Soffici Oro bajo, que confirmaba plenamente su categoría de gran actor. Sin embargo, el verdadero éxito popular no llegaría hasta 1959, gracias al film Angustias de un secreto, del director Enrique Carreras, renovada versión del tema, tantas veces llevado al celuloide, del sacrificio de un sacerdote para mantener el silencio confesional. Posteriormente, demostró sus excepcionales dotes dramáticas en dos producciones de 1960 y 1961: Hijo de hombre/La sed (Lucas Demare, coproducción con España) y El rufián (Daniel Tinayre) y años más tarde volvió a triunfar actoralmente en La fidelidad (Juan José Jusid, 1970) y Paño Verde (Mario David, 1972). Por su papel protagónico en esta última producción, Estrada ganó el premio a la Mejor Interpretación Masculina en el Festival de Locarno y al Mejor Actor en el Festival Internacional de Panamá. Su filmografía argentina abarca más de 30 títulos, los cuales se pueden ver en la sección Películas.
El éxito lo acompaño. Fue proclamado por la prestigiosa publicación profesional "Heraldo del Cine", que dirigía Chas de Cruz, como el actor argentino más taquillero de 1959. En 1961 recibió el Premio Nacional del Círculo de Periodistas Cinematográficos de la Argentina a la mejor interpretación masculina del año por su trabajo en El rufián. Sin embargo, Estrada siempre mantuvo que su trabajo en Argentina destacó más en la parte teatral que en la cinematográfica. En 1957 ya había formado su propia compañía teatral, iniciando una larga serie de creaciones que le acreditaron como uno de los artistas de mayor prestigio de Argentina. Como principales compañeras en esta etapa de su carrera tuvo a Franca Boni, Pepita Serrador, Nelly Panizza, Malvina Pastorino (esposa de Luis Sandrini) y Mirtha Legrand, en su primera aparición en los escenarios.
A partir de su debut escénico con "La madre guapa" de Adolfo Torrado, desarrolló en ese medio una trayectoria extremadamente rica. Merecen mención especial sus interpretaciones en "Cherie" de Colette (Teatro Buenos Aires, 1956); "No se puede pensar en todo" de Alfredo de Musset (1957); "Viaje de un largo día hacia la noche" de Eugene O'Neill (1957); "Divinas palabras" (junto a María Casares) de Valle Inclán (Teatro Coliseo, 1964), por la que recibió el Premio Talia; "Delicado equilibrio" de Edward Albee (Teatro Regina, 1967); "Las troyanas" de Eurípides (Teatro San Martín, 1972); "Desnúdame cantando" de Michel André (1973); "La malquerida" de Jacinto Benavente (1978); "Capítulo segundo" de Neil Simon (1979); "El baile" (con Luis Sandrini y Malvina Pastorino) de Edgar Neville y "El conventillo de la Paloma" de Alberto Vacarezza (1980); "Canción de Cuna" de Gregorio Martínez Sierra y "El taller del orfebre" de Karol Wojtyla (1982); "Don Basilio mal casado" de Tulio Carella (1986). En lo personal, Carlos consideraba que sus tres interpretaciones culminantes fueron las logradas en el drama de Eugene O'Neill "Viaje de un largo día hacia la noche", en "Divinas Palabras" y en la obra de Tennessee Williams, "Dulce pájaro de juventud", en el Teatro Astral.
En 1960 cruzó el Atlántico para iniciar su fenomenal aventura europea. Ese año llegó a España para rodar escenas de exteriores de la coproducción hispano-argentina "Punto y banca", y concluido el trabajo se quedó una corta temporada recorriendo las tierras de sus mayores y visitando a los parientes que tenía en la península ibérica. Otra coproducción, "La cumparsita", a principios de 1961, le deparó la oportunidad de un nuevo viaje a la Madre Patria, y esta vez decidió quedarse. En poco más de un año ya había intervenido en varias películas españolas e interpretado en el Teatro Eslava la comedia de Schnitzler, "Anatole".
Su excelente labor en La tía Tula (Miguel Picazo, 1964) junto a Aurora Bautista, fue determinante para que se convirtiera en uno de los actores más requeridos y cotizados de la década de los sesenta. La tía Tula, por otra parte, se ha constituido en una de las películas emblemáticas de ese período, por su espléndida recreación de la vida provinciana española, además de ser una minuciosa radiografía de las represiones sexuales e ideológicas de sus habitantes. Por su actuación en esta película, Estrada recibió la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid y el Premio del Público de la revista Fotogramas.
Realizó más de 40 películas como protagonista en Europa. Durante los años 60 ganó especial consideración al intervenir en films de cineastas entonces jóvenes y prometedores, casi siempre adscritos al denominado "Nuevo cine español" (Miguel Picazo, Julio Diamante, José Luis Borau, Basilio Martín Patiño). Esto amén de la popularidad que ganó desempeñando papeles de galán cínico o achulado en films de género, a veces coproducciones. Para ver una lista completa de su filmografía europea, puede consultarse la sección Películas.
En 1971 desarrolló una etapa laboral en un tercer país: durante todo ese año protagonizó en Lima (Perú) el teleteatro "Rosas para Verónica" de Abel Santa Cruz, junto a Saby Kamalich.
En lo que a la escena teatral española respecta, su debut aconteció en el Teatro Eslava de Madrid, en 1961, con la ya nombrada "Anatole", de Arthur Schnitzler (dirigido por Miguel Narros). Otras temporadas lo vieron como intérprete en ciclos de teatro protagonizando, entre muchas otras, "Tea Party" de Harold Pinter, con Julia Gutiérrez Caba (1962); "La sirena varada" de Alejandro Casona (dirigida por don Alejandro mismo, Teatro de Bellas Artes, Madrid, 1963); "El salto de cama" de John Chapman (Teatro Poliorama, Barcelona, 1974); "Una vez al año" (dirigida por Luis Escobar y haciendo pareja con Irene Gutierrez Caba, en 1973), "Aquí mismo, el año que viene" de Bernard Slade (Teatro Eslava, 1975); "Siempre no es toda la vida" de Santiago Moncada, con Gemma Cuervo, Guillermo Maier, Amalia de la Torre (1979); "Vientos de Europa" (de M. Ors), con Encarna Paso en el Teatro Fígaro de Madrid (1985); "Reflejos con cenizas" de María Manuela Reina (dirigida por García Moreno), con Lola Cardona, María José Alfonso e Irene Gutierrez Caba (Teatro Marquina de Madrid, 1990).
Su labor en la televisión española fue también de gran intensidad y calidad. Se lució protagonizando el "Martín Fierro" de José Hernández, con dirección de Julio Diamante (1974) y muchas otras series televisivas, entre las que destacan "Viajero sin equipaje (P.A. López, 1962), "El jugador" (1963), "Boda de espejos burgueses" (1964), "Recordar, peligro de muerte" (dirigida por Josep Montanyes, 1984), "La gran borrachera" (dirigida por Sergio Shaff), "El mar y el tiempo" de Fernando Fernán Gómez (dirigida por Mara Recatero, 1986), "El obispo leproso" (dirigida por José María Gutiérrez, 1990), "Tango" (dirigida por Miguel Hermoso, 1991) y "La respuesta" (dirigida por José Luis Garci, 1992).
En 1994 recibió el Premio Santa Clara de Asís a la trayectoria (compartido con su esposa, Erica Wallner) y en 1995 le fue otorgado el prestigioso Premio Podestá por parte de la Asociación Argentina de Actores.
Estas son algunas de las palabras de Carlos Estrada al recordar pormenores de su labor en España (extraídas del libro "Diccionario sobre figuras del cine argentino en el exterior", de Mario Gallina, Ed. Corregidor, Bs.As., 1999):
"Viajé a España por primera vez para completar el rodaje de la coproducción Punto y banca. Eso iba a demandar aproximadamente quince días. A la semana de estar allá, Cecilio Paniagua, que era el director de fotografía de esa película, me dijo que le había hablado de mí al realizador Luis Lucía, quien estaba buscando un galán para Un rayo de luz, con Marisol. Me sugirió que me pusiera en contacto con él. Lo comenté con mis compañeros argentinos en el rodaje y la reacción fue casi unánime: '¿Una película con una niña que canta? Vos en la Argentina tenés oportunidades mejores. Esto que te proponen es un cine menor, netamente comercial. No te conviene'. Estas palabras influyeron en mí y decidí no entrevistarme con Lucía. En el último día de la filmación de Punto y banca volví a hablar del tema con Paniagua. Le agradecí que me hubiera tenido en cuenta y le puse un pretexto respecto al motivo por el cual no me había ocupado de su propuesta. Me respondió algo que me dejó pensando, especialmente porque en todo ese tiempo no había tenido ningún otro ofrecimiento laboral en la península: 'Mire, Estrada, yo no lo conocía a usted. Al verlo trabajar me di cuenta de que es un buen actor y de que fotografía muy bien, por eso le di su nombre a Lucía. Hubiera sido una buena oportunidad para insertarse en el medio español. Es una lástima que la haya desperdiciado. Ya contrataron a Anselmo Duarte, el actor brasileño de El pagador de promesas'. Ahí entendí que había cometido un error. (...)
"Regresé a la Argentina pensando que si la vida me daba otra chance, no la iba a dejar pasar de largo. Al poco tiempo, volví a España a terminar el rodaje de Canción de arrabal. Esta vez me desconecté un tanto de los argentinos que estaban conmigo, me alojé en una suite del Hotel Castellana Hilton y desde ahí empecé a tirar hilos. Un día vino a verme un representante para ofrecerme protagonizar Siempre es domingo. Leí el guión y, sin muchas vueltas, acepté. A partir de entonces, seguí trabajando casi sin interrupción. (...)
"En la Argentina empecé haciendo un tipo de cine más bien de corte comercial, pero a partir de mi éxito en España, comenzaron a llamarme directores como Demare, Tinayre, David o Jusid, para protagonizar películas de mayor envergadura. También en España me ocurrió algo similar hasta la filmación de La tía Tula. Cuando la filmábamos, teníamos conciencia de que iba a ser algo trascendente, en especial porque se trataba de un libro de Miguel de Unamuno. Pero no suponíamos que se convertiría en un clásico del cine español. Al terminar el rodaje, los productores me confesaron que habían tenido serias dudas acerca de que yo fuera el intérprete adecuado para personificar a Ramiro. Me veían muy en "galán". Así se lo plantearon al director, Miguel Picazo. Y éste les dijo: 'Vi a Estrada por primera vez en un fotograma. Luego me acercaron una fotografía. Cuando lo conocí personalmente y observé sus ojos, ya no dudé. Él es Ramiro'. Y me dieron el papel. Siempre agradecí a Picazo el hecho de que supo y pudo ver más que los demás. Gracias a La tía Tula me convertí en un actor requerido por nuevos realizadores que intentaron plasmar un tratamiento estético y narrativo distinto en el cine español. Es el caso de Merino con Lola, espejo oscuro y Patino con Del amor y otras soledades (...)
"Mis padres eran asturianos y cuando llegaron a la Argentina trajeron en sus maletas varias obras de Leopoldo Alas Clarín, entre las que estaba 'Adios Cordera', que se había transformado en mi libro preferido cuando era pequeño. Por eso, cuando Herrero me llamó para ofrecerme protagonizar la versión fílmica de ese cuento, yo no lo podía creer. Recuerdo que le dije: 'Si es necesario lo hago sin cobrar, porque voy a cumplir uno de los anhelos más grandes de mi vida. Y se lo voy a dedicar a mi padre que, estoy seguro, se sentirá muy feliz y orgulloso de que yo intervenga en esta película'. (...)
"Mi debut teatral en Madrid con 'Anatole' no pudo ser más auspicioso. La dirigió Miguel Narros y trataba sobre seis episodios en la vida de un 'Don Juan'. Estuve fuertemente respaldado por excelentes compañeros: José Vivó, que hacía el personaje de mi mayordomo, era un actor muy importante que había estado varios años integrando la Compañía del Teatro Nacional María Guerrero... y las actrices, todas ellas de primera línea... un reparto verdaderamente excepcional... María Luisa Merlo, María Dolores Pradera, Margarita Lozano, Luchy Soto, Carmen de la Maza y Marta Padovan. Significó mucho para mí, porque posibilitó que el público madrileño me reconociera como actor teatral. Tiempo después hice 'La sirena varada' de Casona, de la que también guardo un recuerdo muy especial: yo estaba muy expectante y muy nervioso antes del estreno. Me sentía muy obligado ante don Alejandro, porque sus piezas habían estado prohibidas por el franquismo y, por supuesto, para él era muy importante este debut. Se me había dado por pensar que quizá no iba a estar a la altura de los grandes actores que me habían antecedido en el papel. Un día se lo hice saber. Y me dijo: 'Ya he visto los ensayos y estoy muy conforme. Sólo espero que el día del estreno tengas esos cinco minutos iluminados en los que se produce el hecho milagroso en un actor y me des todo lo que no han podido los demás'. Su respuesta, claro, me comprometió aún más. Al fin llegó la gran noche y luego de la función fuimos con el elenco a festejar. Cuando me le acerqué, adivinando toda la ansiedad que había en mi cara, se adelantó y me dijo: 'No me preguntes nada. El milagro se hizo'."
Estrada
estaba casado con la actriz argentina Erica Wallner desde 1968. Su hijo
Carlos Gastón (nacido
el 28 de febrero de 1969 en Mar del Plata, Argentina) y su primer nieto Gianni
Carlos Demetrio (nacido en Dénia, provincia de Alicante, España,
el 12 de septiembre de 2001) aseguran la continuidad de la saga.